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sábado, 6 de marzo de 2010

VIAJE AL PASADO

La abuela paterna de mi abuela, murió en 1918 de reblandecimiento cerebral. Un año antes, su marido (mi tatarabuelo), había muerto de endopericarditis. Su abuela materna murió en 1907 de coquería palúdica e infectos de hígado, y su marido, unos años más tarde de hernia estrangulada. No es que me haya dado por hacer el historial clínico de mis antepasados, sino que me dio en su día por construir el árbol genealógico y entre los libros de la iglesia del pueblo, se pueden encontrar muchas curiosidades sobre nuestra historia. En las iglesias de los pueblos quedan registrados tanto los nacimientos como los matrimonios y los fallecimientos, explicando en algunos casos las circunstancias que los rodeaban (supongo que dependía del cura de turno, pues hay épocas en que se registran todas las causas de muerte, incluso la hora, y otras en las que no aparece nada). Se pueden destacar el alto número de niños menores de 1 año que morían y cómo a veces, el siguiente hio que nacía del matrimonio, recibía el mismo nombre, con un segundo para diferenciarlos. Si este también moría, el siguiente seguía heredando el nombre. Eso, los que les daba tiempo a ponerles un nombre, porque los libros están llenos de "párvulos", supongo que muertes perinatales que no recibían el bautismo. Un hermano de mi bisabuelo murió, con un año, de vaguitis. Es curioso cómo catalogaban las enfermedades: capasción palúdica, debilidad congénita, colapso cardíaco.
Otros curas hacían alusión a otras cuestiones: Juana Climaca (la del reblandecimiento cerebral) o Francisca Fernández, que no tenían “ocupación especial, más que las propias de su sexo” (hablamos de entre 1846 y 1900). Otra, no recibió los auxilios espirituales por la brevedad de su enfermedad. Muchísimas bodas se celebraban en los meses de invierno, probablemente porque era la época donde menos trabajo en el campo se realizaba.
Interesante y divertida la información que pude sacar de mis tardes en la iglesia del pueblo con mi prima Inma, que fue la que me introdujo.
Antes de 1800, prácticamente ningún antepasado mío vivía en mi pueblo. Las referencias se van a otros pueblos como Guadalupe, Robledo, Castañar, etc. ¿Existiría el pueblo antes…?

***Fotos usurpadas a Lorena, con al venia.

domingo, 28 de febrero de 2010

NAVALVILLAR DE IBOR, CÁCERES

Y como no podía ser de ora manera, aquí van unas fotillos de mi pueblo. Ya puse algo en un post anterior, contando la rutilla que habíamos hecho por el Valle de Viejas, pero no me había parado en mi pueblo. Está al sureste de la provincia de Cáceres y forma parte de una de las zonas más desconocidas de allí, porque no está ni cerca del Jerte ni de La Vera, y bastante lejos de la capital. En la carretera que sale de la nacional 5 y que llega a Guadalupe está la comarca de Los Ibores, que la forman varios pueblos, el último de ellos, antes de llegar a Guadalupe es Navalvillar. La comarca recibe su nombre del río que la recorre, el río Ibor, que nace cerca de Guadalupe, y el primer pueblo por el que pasa es Navalvillar, desembocando en el Tajo. Normalmente en verano no lleva mucha agua, pero en los años que podemos llamar normales, baja suficiente como para darse un baño en plena naturaleza. Hay poca gente desde que hicieron la piscina en el pueblo, así que se puede disfrutar de una tarde tranquila de campo y agua.
En el paisaje de la comarca destacan las alineaciones de crestas separadas por profundos valles, en uno de los cuales se encuentra el pueblo.
Como casi todos los paisajes, la época que más me gusta a mí es el otoño, pero en la primavera podemos disfrutar de su espesor, ya que presenta un microclima bastante lluvioso en comparación con el resto de la provincia.
Tierra principalmente de olivos y de castaños, en cuanto te alejas un poco de núcleo urbano, podrás ver mucho roble, encina, alcornoque...
Se puede decir que es una de las zonas más vírgenes de Extremadura, ya que no está muy promocionada aún.
Muchas hectáreas de monte despoblado, lo que propició que en el año 2005 se extendiera rápidamente un incendio provocado por un indeseable, y aunque a estas alturas aún se pueden ver los efectos, poco a poco se va recuperando.
La foto de arriba es de nuestra "isla".
En primavera se puede disfrutar de los muchos arroyos que van a parar al Ibor y que dan vida a tanta vegetación.
Y, por supuesto, también se puede disfrutar de sus fiestas en verano. Aquí una muestra.
No cuento mucho más, porque lo suyo es verlo uno mismo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

SIERRA DE LOS IBORES

En realidad se llama Sierra de las Villuercas-Ibores, pero me gusta llamarla de Los Ibores, porque así es como se llama mi pueblo: Navalvillar de Ibor.

Esta salida es de hace exactamente dos años, pero me parece un buen momento para hablar de ella. Estamos en la provincia de Cáceres, al sureste exactamente. Al sur limita con Badajoz, al este con Toledo y al sureste con Ciudad Real. Se decía que era un lugar en el que se podía pone una mesa, y cada pata estaría en una provincia diferente. No es exactamente así, pero es muy gráfico, así que ahí lo dejo...

La rutita que veis es por el Valle de Viejas, por donde pasa el río con el mismo nombre, afluente del río Ibor, que a su vez es afluente del Tajo. El valle empieza en el Pico de Las Villuercas, a 1.600 m. de altitud, donde se sitúa una antigua base militar que sigue siendo propiedad del Ministerio de Defensa. Es este un valle en el que no hay ningún pueblo, aunque, para mi sorpresa no está ni mucho menos deshabitado, sino que se suceden las casas a lo largo de todo el recorrido. Aún así, se mantiene bastante virgen, pues los habitantes viven de la agricultura y ganadería a pequeña escala.

Durante el camino se pasa por lugares de gran vegetación, robles al principio, castaños después, etc., etc. Fue hace unos 50 años cuando se perdieron gran parte de estos árboles por la enfermedad de La Tinta, que se llama. Incluso hay árboles que allí se llaman "loros", y que parece que son de la familia de los bosques de Laurisilva típicos de islas como La Gomera, La Palma..., zonas de alta humedad.
La verdad es que el paisaje es muy bonito, más en otoño, época en que nosotros fuimos. En un punto del camino, desviándonos un pelín a la izquierda, aparece ante nosotros una preciosa cascada de difícil acceso. Hay que conocer el lugar, si no, es difícil localizarlo.


Se puede decir que el Valle de Viejas es de los pocos lugares que aún se escapan de la invasión de la llamada civilización, aunque todavía hay allí de los que quieren ponerle verjas al campo: hacia el final de la ruta, siguiendo por la pista, de repente nos encontramos con una gran puerta que cierra el camino, un camino, por cierto, vecinal y público... sin palabras.

La marcha dura unas 5 ó 6 horas, necesitando dos coches,uno a cada extremo de la ruta, o dos personas que nos dejen y nos recojan a cada lado.

Con esta entrada quería dar a conocer una zona del todo desconocida y con muchas posibilidades para los amantes de andar caminos. En una provincia donde hay zonas sobreexplotadas aunque no por ello menos bonitas, todavía permanece ajena al turismo esta recóndita comarca que, con la salvedad del pueblo de Guadalupe, solo conocemos los que tenemos algo que ver con la zona.
Espero que si, en algún momento se da a conocer, hayamos aprendido de otras zonas y podamos desarrollarlo de forma sostenible.